lunes, 5 de noviembre de 2012


Lo que Lennon no imagino

El cruel asesinato de quizás el más famoso de the Beatles a manos de uno de sus más grandes fans.

Cinco disparos. Uno sobrevoló su cabeza y los otros cuatro fueron a parar a su cuerpo. Horas antes el asesino le había pedido un autógrafo a la víctima. Una historia parecida a la ficción, pero real en esencia. El asesinato de un grande de la música que murió a manos de quizás uno de sus más grandes fan.

Era lunes 8 de diciembre y un ajetreado día lo esperaba. Para iniciar la faena, una sesión fotográfica era lo primero en la lista. Aquella no sería del todo tranquila. Annie Leibovitlt, fotógrafa enviada por la revista “Rolling Stone”, se negaba a tomarle una foto junto a su esposa, lo que había enojado al cantante. Después de varios minutos, la decisión del ídolo primo.

Salió de su departamento en el edificio “The Dakota” a las 5 p.m. Su esposa Yoko Ono, lo seguía del brazo. Se dirigían al Record Plant Studio, en donde se mezclaría la canción de Ono y Lennon tocaría la guitara.

Muchos fans lo esperaban en el trayecto hacia su limosina. La mayoría ansiaba un autógrafo suyo. Lo sencilla de su personalidad hacia que no se negase a atender ninguno de sus pedidos. Uno de ellos , entre la multitud lo miraba diferente.

Mark  David  Champan de 25 años, natural de Texas se acerco a él aquella tarde como cualquier fan común del lugar. Un mes antes había planeado matar al ex Beatles, pero un repentino cambio de opinión lo detuvo. Para la mala suerte de Lennon, aquel día si iba decidido. Se acerco a él y le dio a firmar el disco” Double Fantasy”.

¿Eso es todo lo quieres?, pregunto Lennon tras terminar de firmar el autógrafo de Chapman. El fan, pensó un momento, como quien busca no dar su verdadera respuesta. Después solo asintió. El fotógrafo y fan del cantante, Paul Goresh, inmortalizo aquel momento.

Después de aquel encuentro Lennon pasó varias horas en Record Plant Studio, antes de regresar al “The Dakota”. Ahí grabaría, junto a su esposa “Whalking on then ice”, la nueva canción de Yoko. Terminada sus labores, se rehusó a comer fuera. Quería regresar lo más pronto a su hogar para darle las buenas noches a su pequeño Sean, como lo acostumbraba cada moche.

El complacer a sus fans era algo que no le proporcionaba ninguna molestia, sino: placer. Esa noche en vez de estacionar su limosina en el patio del edificio arribo unas cuadras antes. Eran las 10:50 p.m. y Chapman lo aguardaba como un lobo a su presa, tras la sombra un árbol. El  portero de “The Dakota” y un taxista  lo habían divisado a lo lejos.
La distancia para llegar a su hogar era corta pero a la vez muy grande. Cada paso que daba parecía ser el último. Como cámara lenta Chapman le disparado cinco veces a Lennon. Cuatro disparos, uno  fallido, dos le impactaron en el lado izquierdo y dos en el hombro del mismo lado. Uno de ellos le atravesó la aorta.

Las intensiones de Mark para con su ídolo habían no habían sido malas, sino crueles. Las balas que este utilizo no eran comunes. Como por venganza, este había disparado con balas huecas. Aquellas se expandían al ingresar a su objetivo, dañando gravemente todo a su paso.

Cinco peldaños hacia el área de seguridad y Lennon se desplomo. Sin que lo supiese sus últimas palabras fueron: “me han disparado”. El conserje del edificio, Jay Harlinggabro al verlo lo cubrió con su uniforme y le quito sus gafas. En el exterior algo fuera de lo común se daba. Chapman lejos de huir, se quito el abrigo y sombrero, para luego sentarse tranquilamente en la acera. No había  ninguna lógica en su proceder.

El portero, extrañado le quito el arma, y le pregunto: ¿Te das cuenta de lo que has hecho? Mark solo afirmo. Los primeros oficiales, en llegar encontraron a Chapman, tranquilo y sosteniendo un libro de mano, como si nada hubiese ocurrido.

Lennon, lejos de su posesión en a sus mejores épocas, cuando era trasladado a todos los lugares en una limosina, ahora era llevado en una sencilla patrulla policial. Como si un vampiro hubiese succionado su sangre, solo le quedaba el veinte por ciento del volumen sanguíneo. Murió a las 11:15pm, minutos antes había ingresado al Hospital Rossevelt.  “Nadie hubiese podido sobrevivir en esa situación”, afirmo el doctor  Lyn, quien tras intentar reanimarlo lo habría dado por muerto.

Yoko, al enterarse de todo quedo en chok. Pedía gritos a los doctores que no fueran ciertos. Su dolor fue tan grande que prefirió no hacer ningún funeral e incinero el cuerpo de Lennon. “Jonh amo la raza humana, por favor hagan lo mismo y rezen por él”, fueron sus únicas palabras hacia los cientos de fans de su fallecido esposo, que ahora reposaba en una minúscula caja de madera.

Sobre las razones que llevaron a  Mark a matar a quien años atrás sería el más grande de sus ídolos quizás nunca se sabrán exactamente. Según él, toda la clave de su crimen se  encontraba en el libro que llevaba:“the cátcher in the ruge”, de J.D Salinger. En él se plantea el que los hombres al crecer dejan de ser niños para dedicarse a la vida burguesa. Quizás sintió que Lennon traicionó sus principios al dejar  su misión pacifista para dedicarse a su familia. O solo era una justificación para un ajuste político.

Chapman no solo acabo con al vida del cantante aquella noche, acabo con un soñador con alguien que imagino un mundo mejor, lleno de paz y solidaridad. Sin embargo lo único que nunca imagino Lennon fue morir a manos de un seguidor suyo.