Lo que Lennon no imagino
El cruel asesinato de quizás
el más famoso de the Beatles a manos de uno de sus más grandes fans.
Cinco disparos. Uno
sobrevoló su cabeza y los otros cuatro fueron a parar a su cuerpo. Horas antes
el asesino le había pedido un autógrafo a la víctima. Una historia parecida a
la ficción, pero real en esencia. El asesinato de un grande de la música que
murió a manos de quizás uno de sus más grandes fan.
Era lunes 8 de diciembre y un ajetreado día lo esperaba. Para iniciar la faena, una sesión fotográfica era lo primero en la lista. Aquella no sería del todo tranquila. Annie Leibovitlt, fotógrafa enviada por la revista “Rolling Stone”, se negaba a tomarle una foto junto a su esposa, lo que había enojado al cantante. Después de varios minutos, la decisión del ídolo primo.
Salió de su departamento en el edificio “The Dakota” a las 5 p.m. Su esposa Yoko Ono, lo seguía del brazo. Se dirigían al Record Plant Studio, en donde se mezclaría la canción de Ono y Lennon tocaría la guitara.
Muchos
fans lo esperaban en el trayecto hacia su limosina. La mayoría ansiaba un
autógrafo suyo. Lo sencilla de su personalidad hacia que no se negase a atender
ninguno de sus pedidos. Uno de ellos , entre la multitud lo miraba diferente.
Mark David Champan
de 25 años, natural de Texas se acerco a él aquella tarde como cualquier fan
común del lugar. Un mes antes había planeado matar al ex Beatles, pero un repentino
cambio de opinión lo detuvo. Para la mala suerte de Lennon, aquel día si iba
decidido. Se acerco a él y le dio a firmar el disco” Double Fantasy”.
¿Eso
es todo lo quieres?, pregunto Lennon tras terminar de firmar el autógrafo de
Chapman. El fan, pensó un momento, como quien busca no dar su verdadera
respuesta. Después solo asintió. El fotógrafo y fan del cantante, Paul Goresh,
inmortalizo aquel momento.
Después
de aquel encuentro Lennon pasó varias horas en Record Plant Studio, antes de
regresar al “The Dakota”. Ahí grabaría, junto a su esposa “Whalking on then ice”,
la nueva canción de Yoko. Terminada sus labores, se rehusó a comer fuera.
Quería regresar lo más pronto a su hogar para darle las buenas noches a su
pequeño Sean, como lo acostumbraba cada moche.
El
complacer a sus fans era algo que no le proporcionaba ninguna molestia, sino:
placer. Esa noche en vez de estacionar su limosina en el patio del edificio arribo
unas cuadras antes. Eran las 10:50 p.m. y Chapman lo aguardaba como un lobo a
su presa, tras la sombra un árbol. El
portero de “The Dakota” y un taxista
lo habían divisado a lo lejos.
La
distancia para llegar a su hogar era corta pero a la vez muy grande. Cada paso
que daba parecía ser el último. Como cámara lenta Chapman le disparado cinco
veces a Lennon. Cuatro disparos, uno fallido,
dos le impactaron en el lado izquierdo y dos en el hombro del mismo lado. Uno
de ellos le atravesó la aorta.
Las
intensiones de Mark para con su ídolo habían no habían sido malas, sino crueles.
Las balas que este utilizo no eran comunes. Como por venganza, este había disparado
con balas huecas. Aquellas se expandían al ingresar a su objetivo, dañando gravemente
todo a su paso.
Cinco
peldaños hacia el área de seguridad y Lennon se desplomo. Sin que lo supiese
sus últimas palabras fueron: “me han disparado”. El conserje del edificio, Jay Harlinggabro
al verlo lo cubrió con su uniforme y le quito sus gafas. En el exterior algo
fuera de lo común se daba. Chapman lejos de huir, se quito el abrigo y
sombrero, para luego sentarse tranquilamente en la acera. No había ninguna lógica en su proceder.
El
portero, extrañado le quito el arma, y le pregunto: ¿Te das cuenta de lo que has
hecho? Mark solo afirmo. Los primeros oficiales, en llegar encontraron a
Chapman, tranquilo y sosteniendo un libro de mano, como si nada hubiese
ocurrido.
Lennon,
lejos de su posesión en a sus mejores épocas, cuando era trasladado a todos los
lugares en una limosina, ahora era llevado en una sencilla patrulla policial. Como
si un vampiro hubiese succionado su sangre, solo le quedaba el veinte por
ciento del volumen sanguíneo. Murió a las 11:15pm, minutos antes había ingresado
al Hospital Rossevelt. “Nadie hubiese
podido sobrevivir en esa situación”, afirmo el doctor Lyn, quien tras intentar reanimarlo lo habría
dado por muerto.
Yoko,
al enterarse de todo quedo en chok. Pedía gritos a los doctores que no fueran ciertos.
Su dolor fue tan grande que prefirió no hacer ningún funeral e incinero el
cuerpo de Lennon. “Jonh amo la raza humana, por favor hagan lo mismo y rezen
por él”, fueron sus únicas palabras hacia los cientos de fans de su fallecido esposo,
que ahora reposaba en una minúscula caja de madera.
Sobre
las razones que llevaron a Mark a matar
a quien años atrás sería el más grande de sus ídolos quizás nunca se sabrán
exactamente. Según él, toda la clave de su crimen se encontraba en el libro que llevaba:“the cátcher
in the ruge”, de J.D Salinger. En él se plantea el que los hombres al crecer
dejan de ser niños para dedicarse a la vida burguesa. Quizás sintió que Lennon traicionó
sus principios al dejar su misión pacifista
para dedicarse a su familia. O solo era una justificación para un ajuste político.
Chapman no solo acabo con al vida del cantante aquella noche, acabo con un soñador con alguien que imagino un mundo mejor, lleno de paz y solidaridad. Sin embargo lo único que nunca imagino Lennon fue morir a manos de un seguidor suyo.
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